Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

viernes, 7 de marzo de 2014

Poesías, de Giacomo Leopardi (Reseña nº 617)



Giacomo Leopardi
Poesías
Renacimiento, 2013 

Es posible que Giacomo Leopardi (1798-1837) sea uno de los poetas más influyentes de todos los tiempos. Nació en  Recanati, Italia y tan solo vivió  39 años, tiempo suficiente para edificar una vasta obra literaria, en la que la poesía es su núcleo y su fortaleza.

Ya en el siglo XIX en España se hizo notar su influencia. Poetas de la estatura de Juan Valera o de Alcalá Galiano lo tradujeron y lo admiraron. Muchos otros han sido los que de su obra han  confeccionado  traducciones: Guillén, Rosillo o Unamuno, por citar algunos. Emilia Pardo Bazán llegó a decir del escritor italiano que ‘es quizá uno de los poetas primeros del mundo’ y Menéndez Pelayo lo comparó con Schopenhauer y lo consideró ‘el lírico de la forma pura y de la armonía clásica’.

En esta edición que presenta Renacimiento, además de una buena selección de sus mejores poemas encontraremos un amplio estudio introductorio de Gabriele Morelli en el que señala la influencia de Leopardi en Cernuda, otra cumbre de la poesía universal.

Si hubiera que hablar de la sutileza y la hermosura de los poemas del escritor italiano nos faltarían epítetos. Sus versos rezuman naturaleza, sentimiento, dulzura. Parecen extraídos de la propia vida, de las entrañas mismas del dolor, de la pasión, del amor incontestable. Un amor idealizado (parece ser que Leopardi vivió toda su vida sin consumar una relación y alimentándose de imaginarios sentimientos y fantasías privadas). También están presentes en sus líricos versos el asunto de la muerte y la memoria, tratados con tal sensibilidad que nos alcanzan en la médula. El tiempo se transmuta a través de Leopardi en una constante pugna entre lo vivido y lo presente, entre la juventud que se pierde inexorable en los recovecos de los días y la vejez, el dolor y la pérdida. Temas obsesivos y recurrentes en la poesía del genial aedo.

En definitiva, leer los versos de Leopardi suponen descorrer el velo de la realidad para adentrarnos en un escenario imaginario, una naturaleza exuberante que se erige en metáfora de la pasión, de lo sensible, del más etéreo amor. Donde las estrellas y la luna resplandecen e iluminan los recuerdos de un ayer que se va, de un dulce aroma a flores y cuya atmósfera mágica nos envuelve en la cadencia de una poesía inmemorial.

Pedro Pujante