Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

viernes, 17 de enero de 2014

Residuos, de Tom MacCarthy (Reseña nº 595)



Tom MacCarthy
Residuos
Lengua de trapo, 2011

Cuando se habla de que en literatura lo menos importante es el tema, ya que todos han sido agotados, que en los clásicos está todo y que nada más se puede inventar ya, es posible que se esté en lo cierto. Sin embargo el joven autor Tom Maccarthy (Londres, 1969) ha sido capaz de ensayar una novela contemporánea en lo que más sobresale es su original argumento, con ciertas ideas brillantes que despuntan y la convierten en algo hasta el momento nunca leído. El genial argumento es el siguiente: un joven reciben una importantísima suma de dinero por un extraño accidente del que solo recuerda que un objeto, al parecer metálico, le golpeó la cabeza. El contrato le exige que para cobrar los suculentos ocho millones y medio de libras en que consiste la indemnización se olvide del asunto. Accede, evidentemente. Pero desde entonces su vida cambia. Siente huecos en su memoria y una imperiosa necesidad, casi una pulsión obsesiva, por evocar acontecimientos anodinos.

La primera de las ‘visiones’ le sobrevendrá en un cuarto de baño, al ver una raja en la pared. Surgen los recuerdos, fragmentarios y vagos que desencadenan  la acción. Este aparentemente trivial acontecimiento le lleva a reconstruir, como si de una performance desproporcionada se tratase, todo un montaje, con edificios, actores y acciones incluidas. Una especie de recreación ciclópea de un minúsculo episodio que su memoria parece albergar. Monta un edificio, contrata a personal para que lo habite por tiempo indefinido y ‘vive’ su recuerdo una y otra vez.

Pero la necesidad de recrear acontecimientos va en aumento. Un asesinato que le llama la atención por la calle le vuelve a disparar el deseo de recrear. Nuestro narrador protagonista se impondrá la misión de llevar a cabo el montaje del crimen simulando ser él mismo la víctima. Para saber o experimentar qué sintió el desgraciado asesinado o para calmar un tipo de ansiedad  extraña que no puede frenar y que cada vez se apodera más de él. Lo mismo le ocurre con otros incidentes, que recrea durante días en un ciclo repetitivo, cual Sísifo.

El ímpetu por montar escenas, recreaciones de instantes a veces anodinos pero cargados de un simbolismo preciso y visceral para él, le llevará a desviar el sentido de su existencia hasta que la neurosis y una manía enfermiza le harán desentenderse de la realidad, de sus amigos, de su propia vida. 

El mundo y todo su entorno se vuelven lentamente borrosos, todo le parece irreal y necesita de este estímulo lúdico y ficticio para poder saborear instantes intensos de verosimilitud. ‘Lograr, no, acceder a una especie de autenticidad a través de este extraño residual sin sentido’. Es decir, construir un nuevo mundo mental con los restos de lo que aún pervive en su  decapitada memoria.

Una novela que se inventa a sí misma. Un personaje que crea un peligroso juego de dimensiones cada vez más disparatadas en el que se erige demiurgo y señor de su propia creación y que finalizará en su apocalipsis personal y trágica.

Una novela diferente, entretenida y reflexiva. Un descenso a la mente laberíntica de un hombre que trata de reconstruir su propia vida a través de fragmentos, de recuerdos (quizá inventados), de residuos y de fogonazos que le sobrevienen.

Un descubrimiento es Tom MacCarthy, autor a  quien no habrá que perder de vista.

Pedro Pujante