Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

domingo, 15 de diciembre de 2013

Hay cosas que tiran más, de Juan Gil Palao (Reseña 587)

Juan Gil Palao
Hay cosas que tiran más
Editorial ADIH, diciembre 2013



Esta es la primera obra publicada de Juan Gil Palao, una novela que sorprenderá a propios y extraños y que, a los pocos días de su presentación en Yecla, lo que ocurrió el pasado 12 de diciembre, ya ha agotado la primera edición.

Una novela que no es ajena, en nada, a la realidad que vivimos hoy en día en nuestro país, y no es, ni muchos menos, una novela histórica. Más bien es un drama.



Juan Gil nació en Yecla, en 1970, y escribe desde siempre. Su primera novela se remonta a 1988, y la tituló La sierra del Cuervo, una obra que aún hoy está inédita. Su inquieta pluma siguió creando y nacieron Vulpes en 1994 y Aracil cuatro años después.


No es hasta el 2004 –seis años más tarde- cuando termina de escribir la novela que hoy nos ocupa, Hay cosas que tiran más, y que ha tenido que aguardar en el oscuro cajón nueve años para verla publicada.


Pero no sólo de novela vive el hombre, podríamos decir. También ha escrito cuentos de diferentes géneros, que igualmente tuve el placer de ser receptor de alguno de ellos para su lectura y que serán, cuando su camino literario así lo decida, germen de otro libro dedicado al relato. Y, en ello, y mientras tanto, él sigue escribiendo.


Me decía hace unas fechas, si mi memoria no me engaña, que está escribiendo otra nueva novela que toca también lo que contiene Hay cosas que tiran más, pero más basada en hechos reales que la que nos ocupa. El autor conoce el tema desde el aspecto personal y profesional.


En 2001 comenzó a trabajar como interino en la Administración de Justicia –ese es el sueño de Andrés, el personaje de su novela, aprobar unas oposiciones-; Juan sí lo consiguió, tres años después, en 2004 ingresa definitivamente en su actual profesión. Un año después el trabajo le lleva a Sevilla, donde permanece hasta 2007 y donde encuentra buenos amigos que conserva hasta hoy.


Desde 2007 está en Yecla y, posiblemente, aunque el destino es caprichoso, es el destino laboral definitivo.



Os he citado a Andrés, el personaje principal, mejor dicho, el narrador de la novela que nos ocupa, y de su parecido con el autor, aunque él me ha reiterado más de una vez que no es autobiográfica, ni nada por el estilo. Pero eso nos pasa a todos los escritores: escribimos de lo que conocemos, aunque no queramos hacerlo.


Pero regresemos a Hay cosas que tiran más. Este joven atormentado que es Andrés nos contará, a lo largo de 103 páginas, sus ilusiones por aprobar unas oposiciones con las que labrarse un futuro estable –que, como están las cosas hoy en día, no lo es tanto, ya sabéis la de veces que los políticos le han birlado el sueldo a los empleados públicos para mantener sus propios salarios y privilegios- y mientras alcanza ese sueño llega a su vida lo que pensaba era la mujer con la que la compartiría para siempre. Eva se llamaba, una mujer con nombre bíblico, el primer nombre femenino que existió, si somos creyentes.


Porque Andrés, a su edad, aún no conocía –en el sentido bíblico- “materialmente el cuerpo de una mujer”, y Eva le iba a descubrir un paraíso terrenal del que ya no podría escapar, enamorándose hasta la médula, como le confiesa a un amigo, además de convertirse en un esclavo de sus pechos, que tienen bastante protagonismo en esta novela, y no sólo por la portada. (Por cierto, gracias a la modelo Virginia Leal por prestarnos su imagen para la portada).


Esta historia narrada en primera persona tiene momentos en los que el lector puede decir: ¿pero cómo no se da cuenta de lo que es Eva?


Como lector me lo he preguntado en las primeras páginas, cuando Andrés conoce a César y las vicisitudes que éste pasa "gracias" a Eva, lo que ocurre con el hijo de ella y César…


Pero ya sabéis lo que dice el protagonista, Hay cosas que tiran más… sí, tiran más que dos carretas.

Juan Gil ha elaborado unos personajes que nos parecerá conocer y nos obligará a tomar posición.

Francisco Javier Illán Vivas