Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

sábado, 23 de noviembre de 2013

Donna Angelica vs Donna Diavola, de Elena Montagud (Reseña nº 578 )

Elena Montagud
Donna Angelica vs Donna Diavola
Editorial: Tombooktu, 2013


Un mordisco, solo un mordisco. Aquel gesto de desobediencia condenó a toda la humanidad, siendo desterrada del paraíso en el que siempre habían vivido desde su creación hasta que Eva, dejándose engañar por la serpiente que colgaba del Árbol de la ciencia, probó el fruto prohibido del conocimiento. Desde entonces, la mujer se convirtió en un demonio, en una incitadora del pecado. Sin embargo, también permitió que nuestra especie dejase de estar sometida a los deseos y caprichos de su creador, pues el saber adquirido a través de aquel bocado nos proporcionó un pensamiento y comportamiento independientes. Por subsiguiente, nos encontramos ante una paradoja, porque la mujer posee tanto de demonio como ángel, de instigadora del mal como procuradora de bien, de responsable de dar vida como de arrebatarla. En «Donna angelica vs Donna diavola» ella es la fuente de inspiración y la protagonista por excelencia de esta antología a través de los siete relatos y la novela breve que la componen, todos firmados con el característico estilo de su autora, Elena Montagud.

A pesar de que Eva representa el origen, debemos avanzar hasta el final con «La chica de los ojos grises» para encontrar una referencia directa a aquella primera mujer, que induce a Adán (o mejor dicho, Germán) a desobedecer, aun sabiendo el castigo por su pecado. La autora nos describe una turbulenta relación en la que la obsesión y el sexo son sinónimos de un sentimiento parecido al amor. Conforme avanza el tiempo, la situación entre ambos se vuelve insostenible debido, principalmente, al peligroso secreto que se esconde tras esos hipnóticos ojos grises por los que nuestro protagonista está dispuesto a vender su alma. 
 
Al igual que la mayoría de sus relatos, Elena Montagud capta la atención del lector desde las primeras líneas a través de un estilo prosaico, empleando gran cantidad de referencias literarias y musicales que dotan a la narración de un ritmo propio. De igual modo, la tensión psicológica in cresendo impide que podamos abandonar la lectura antes de sorprendernos con el impredecible giro final de la historia.

La autora demuestra una gran versatilidad, una mente polifacética en constante movimiento que nos permite disfrutar de una amplia selección tanto de géneros como de recursos narrativos, prevaleciendo «El ángel mudo». Un magnífico relato de inspiración fosca sobre la incomprensible fascinación hacia la violencia y el dolor, así como nuestra capacidad para infringirlo. La belleza representada por lo grotesco, la inocencia corrompida por la ambición, la ética decadente del ser humano…Si bien describe la caída de un ángel, Elena Montagud remonta el vuelo de esta antología a cambio de vender un alma que no le pertenece, pero es el privilegio de ser escritora: jugar a ser Dios con tus personajes. 

Y es que antes de este relato, «Donna angelica vs Donna diavola» carecía de una historia verdaderamente significativa. Es cierto que «Cartas a un padre Valencia» posee un humor singular que deja en evidencia a «Pretty Woman» (Garry Marshall, 1900), prescindiendo del edulcorado final y optando por una historia más políticamente incorrecta, aunque mucho, mucho más divertida. Tampoco debemos menosprecia, «Número», que nos presenta una space opera claustrofóbica, en la que el mayor peligro no se encuentra en los rincones inexplorados del espacio, sino que embarco desde el inicio de la misión junto al resto de la tripulación para ofrecernos una distopía robótica con influencias de obras tan significativas como «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas» (Philip K. Dick) o «Yo, robot» (Isaac Asimov). 

No obstante, los relatos mencionados no poseen la técnica (soberbia la elección de la segunda persona) ni la calidad de «El ángel mudo». Es más, otros como «Otredad», «La inocente parricida» o «El reverso de las palabras» destacan más por la forma que por el fondo, incluso podríamos decir que resultaban predecibles en algunos aspectos. 

A pesar de este desequilibrio, Elena Montagud ha sabido reflejar la naturaleza ambigua de la mujer, desplegando un amplio espectro de relatos que ponen en entredicho su clasificación como el sexo débil. Y es que, como dijo Jessica Rabbit, «yo no soy mala, es que me han dibujado así». O en este caso, me han escrito y con un notable acierto por parte de su autora. Únicamente queda por quién te decantas. ¿Donna angelica o donna diavola?

Mª Carmen Horcas