Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

viernes, 27 de septiembre de 2013

Putas de fin de siglo, de Miguel Ángel de Rus (Reseña nº 258 bis)



Miguel Ángel de Rus

Putas de fin de siglo

Ediciones Irreverentes, 2008



Antes de empezar a hablar de este libro debería advertir que no es apto (aunque sí recomendable) para espíritus pusilánimes, almas maniqueas o seres hipócritas. Sobre todo porque esta fauna se verá ultrajada en estas páginas de Miguel Ángel de Rus (Madrid, 1963), escritor, editor y periodista que desde hace ya más de cuatro lustros viene removiendo el mundo cultural y literario de este país. De hecho este vademécum de meretrices es un explosivo que pretende dinamitar nuestra sociedad, remover conciencias y hacer saltar por los aires la falsa moral que impera en este siglo (como imperó el siglo pasado e imperará durante toda la historia).


En forma de capítulos, como si se tratase de una antología de obscenos relatos o un diccionario de golfas o un manual de rameras o una enciclopedia grosera de furcias, o un catálogo de fulanas, se presenta este delicioso y divertido libro. Con humor quevedesco, adjetivación umbraliana, prosa emparentada con la lírica del más canalla Sabina y cinismo exacerbado de Rus expone en esta compendio de Putas de fin de sigloun retrato de la España berlanguiana que todos conocemos pero que muchos desoyen por comodidad, por costumbre, por doblez. Pero no solo estamos ante un inventario de prostitutas genitales. Hay en estas páginas una honda y ácida mirada a España, a su intrahistoria de lupanares y moralidades soterradas, a sus putones de lujo, de barrio, de carrera, del pop, de la calle, de las altas esferas del papel cuché y de la existencia. Delgada ironía y un estilo directo, casi oral, gran conocimiento del alma humana y franqueza demoledora son las herramientas que maneja este autor para hablarnos, casi de tú a tú, de algo que nadie ignora: las putas, mujeres y hombres que siempre han estado ahí. Pero las putas no son solamente hembras y machos que venden su cuerpo y su alma a cambio de dinero. También se incluyen en este listado de prostituciones a la editora literaria y a la puta intelectual (hay intelectuales que tienen el cerebro que parece un coño), animales medradores sociales que empeñan su espíritu y su dignidad por la gloria en el mundillo de las letras y la cultura, por un escaño en el altar de la fama. Como este gremio de Mesalinas esculto, su prostitución deviene la más deshonesta de las que existe porque se perpetra a conciencia. Como se puede deducir, de Rus se vale de estos relatos para hacer una crítica a todo lo que él juzga corrompido, prostituido, alienado: el mundo del arte, la cultura, la moral, la sociedad al completo… Establece incluso una jerarquía de seres putíferos: ‘La puta tirada está en lo más bajo de la escala social del puterío.’ Y de ahí habremos de ascender hasta llegar a la cortesana, el águila imperial de la cetrería. Pasando por las putas sin moral y postmodernas; las niñas de agarro, amateurs de pueblo, muy parecidas a las discretas, esas promiscuas que operan en la clandestinidad más palpable. Las drag queens, las telemáticas, las dominicanas. Estas últimas reflejan  la incidencia de la inmigración y las consecuencias que se derivan de una sociedad maniquea que obvia los derechos de las personas en connivencia con proxenetas y otros ignominiosos  entes del universo de lenocinios.


En definitiva, libro desternillante, atrevido, imprescindible y genial; pero libro irreverente que afila sus dientes y muerde con su sarcasmo en la yugular de esta España nuestra, tan hermosa y tan puta. Porque al término de su lectura todos tendremos la sensación de ser un poco, aunque sea solo un poco, prostitutas en esta casa de citas que es la vida.

Pedro Pujante