Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

domingo, 15 de septiembre de 2013

La neurosis Kennedy, de Nancy G. Clinch (Reseña nº 551)

Nancy G. Clinch
La neurosis Kennedy
Editorial Euros, 1974

Uno de los principales argumentos de La Neurosis Kennedy es el que afirma que la autoridad Kennedy ha descansado más sobre los atributos de la irracionalidad que de la racionalidad, en este volumen de más de 500 páginas que editó Euros en 1974 y que es, dentro de mi biblioteca, un libro ya histórico, con treinta y nueve años de edad en casa, y que me ha acompañado en los diferentes cambios de domicilio que en estos años he disfrutado, o sufrido, que nunca se sabe.

Lo compré en la Librería Rayuela, de Badajoz, aún me acuerdo, una librería de ocasión que estaba situada -no puedo deciros si aún existe- en la calle Menéndez Valdés.

Dice la autora, que Kennedy se basó en los temores y deseos irracionales de gran parte del público votante y llegó luego a descansar más y más en la creación de ilusiones y en la afirmación de mágicas ciudades, que en una real actuación. Por ello se formula tres preguntas fundamentales: ¿cómo se vieron los Kennedy a sí mismos? ¿Cómo los vio su sociedad? ¿Hasta qué punto, en términos de la verdad psicológica, y del hecho histórico, era realista cada uno de esos puntos de vista?

Su estudio en estas quinientas páginas, de la caracterología de los Kennedy se basa en una forma de psicohistoria que ella llama psicohumanismo. 

Sostiene la autora que el ansia de poder de los Kennedy arrancó de un neurótico espíritu de competición más que de genuina competencia; que, básicamente- y cito textualmente- los triunfos de los Kennedy fueron motivados por una obsesiva-compulsiva necesidad de poder y reconocimiento social; que tal necesidad arrancó de un profundo sentido de impotencia y rechazo en los individuos Kennedy, así como en toda la familia; y que, por consiguiente, las gloriosas promesas, a causa de sus orígenes, neuríticos en gran parte, quedaron, también en gran parte, sin realizar e irrealizables.

Pero queda, en esta última aseveración, la pregunta, ¿qué hubiese ocurrido si otro Kennedy, llega al poder?

¿Podremos saberlo alguna vez?


Francisco Javier Illán Vivas