Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

lunes, 23 de septiembre de 2013

Gerineldo Fuencisla vende oro

“! Que ha vuelto Gerineldo¡”, son palabras de una aldeana viuda, que acababa de enterrar a dos maridos, uno en el cementerio, otro dentro de la iglesia.

Ha venido de las Indias provocativo y lujurioso, cargado de piñones, caracoles y cantáridas, pero no de oro; por eso, viene a vender el relleno de oro que ocupa el hueco o picadura de tres de sus dientes y dos de sus muelas.

Viene leyendo el Zendavesta, libro sagrado de los adoradores del fuego en la religión de Zoroastro, donde Ormuz es el nombre del principio del bien, y Arimán, el mal, Ormuz es un poco malicioso, como todos los buenos, En un párrafo del texto leemos que le dice a Arimán: “ Qué putas son las zorras, y además de eso no tengo ganas”. El muy cuco lo decía porque no pudo alcanzar las uvas de una mulata del Cuzco, en Perú.

Arimán es un poco zazoso, pronuncia las eses y las cees como zetas. “¡Y siempre pensando en lo mismo¡”, pensó Gerineldo.

Cuando bajó en la AT-4 del Aeropuerto de Barajas, el día era muy mojado Había escuchado que por la Andalucía infeliz se habían desbordado algunos ríos. Y por la Cataluña, a lo que había replicado un boyero españolista: “Ojala se inunde toda”. Qué mala leche se cuece por acá, se dijo Gerineldo. Un curita de Huete, en Cuenca le había escrito y contado que por aquí nos gobierna un milagrero, que colgado lleva el milagro. En la foto de él, que me adjunta, se le ve que está contemplando ese espacio de terreno en una dehesa en que pueden mantenerse mil ovejas o dos hatos de ganado Y me dice que dijo: “Hágase el milagro, y hágalo el diablo”; y, al momento, aparecieron unas cuantas de manifestaciones contra la crisis y los recortes. Y me sigue contando que es muy milagrero, embauca a la gente con milagros fingidos, pues es dado en creer en ellos. Que adora a la beata Merkel, en mimesis, imitación de otros, que pronto será canonizada por el Euro y con el Euro por crianza, Que es como el milabro azulado de la achicoria, y que, por circunstancias dadas por gracia de la plebe, sale de rositas en manifestaciones y huelgas, enderezando las orejas cuando ve algo que le sorprende o le infunde recelo.

Que con respecto a Europa, y gracias a su beata, se siente como un Milciades en la victoria de Maratón sobre los persas. Millaradas se gastan en actos de ostentación vana y de jactancia. Que la miseria avanza en un pueblo holgazán, pues el toro de Osborne ni se mueve y sigue paralizado en la montaña auque brame la vaca.

El taxi ha llevado a Gerineldo hasta la iglesia de San Isidro, en Madrid. El, que fuera tocador de órganos, piensa si tocar un organillo, tocar un órgano o un organito, especie de tordo. Ya sabéis.

Daniel de Culla