sábado, 14 de septiembre de 2013

Cortázar y los libros, de Jesús Marchamalo (Reseña nº 550)



Jesús Marchamalo
Cortázar y los libros
Fórcola Ediciones,  2011

Cortazariano confeso no puedo olvidar que en febrero de 2004 El Cultural publicó un número con un amplio artículo dedicado a la  biblioteca personal de Julio Cortázar, que tras su muerte, fue donada por su viuda, Aurora Bernárdez, a la Fundación Juan March en Madrid. Desde entonces anidó en mi cabeza la idea de visitarla (la biblioteca). Cuando por fin me decidí mi decepción no pudo ser mayor. Allí solamente tenían expuestos en vitrinas algunos de los libros de Cortázar y el resto (que es la gran mayoría) se encontraba guardado. No obstante, allí me enteré que Jesús Marchamalo (Madrid, 1960) había tenido la delicadeza de crear un pequeño libro con ilustraciones  que equivale a un paseo por las estanterías del grandísimo Cronopio Cortázar. Un libro-puente que nos conduce  al apasionante y personal universo bibliofílico de Julio Cortázar.

En Cortázar y los libros hace Marchamalo un viaje al fondo de la biblioteca última que Julio Cortázar habitó. Un viaje simpático, distendido, en el que entablamos un diálogo con los propios libros, con los más de cuatro mil volúmenes (unos quinientos con dedicatorias de sus autores: Calvino, Casares, Monterroso, Paz, ninguna de Borges) que aguardan silenciosos y ordenados en sus estanterías. Dime qué lees y te diré quién eres, se suele decir.  En efecto, la biblioteca es una especie de radiografía emocional, cultural y vital de su dueño, y en el caso de Cortázar, se transforma en una biografía espiritual que nos informa de sus gustos, de sus amistades, de sus cariños, de su vida, de su relación más privada con la literatura y con los escritores que le apasionaban o con los que tuvo relación. Por supuesto, los que conocen a Julio Cortázar no se sorprenden de sus filias literarias: Lezama Lima,Keats, Cocteau, Octavio Paz, Pizarnik, la poesía francesa o la adición casi infantil por las novelas de vampiros. El arte, la filosofía… Sin embargo, Marchamalo, con acierto y ojo de paleontólogo de bibliotecas, también ha registrado las notorias ausencias. No hay, extrañamente, muchos libros de su amigo Vargas Llosa; faltan Maupassant, Tolstoi o Camus; nada de Cela, Matute o Umbral. Se lamentaba Cortázar de no haber leído (a excepción de la poesía) mucha literatura española. También hay que comprender que el nómada Julio emprendió muchas mudanzas y perdería en ellas algunos libros. La semblanza de Cortázar es libresca, así que a través de sus libros se puede trazar un itinerario biográfico. Entabla Cortázar diálogos con los autores,  hay en los márgenes de los libros interpelaciones, exabruptos ante algunas sentencias o críticas directas. Demostraciones de cariño en dedicatorias que traspasan el ámbito meramente literario y nos sumergen en su universo más privado. Hay en Cortázar y los libros una cercanía que parece contradecir lo que Jesús Marchamalo afirma al comienzo del libro: ‘Nunca tuve ocasión de encontrarme con Julio Cortázar en persona…’ Un inicio, de hecho, que conecta y responde la célebre primera frase de Rayuela: ‘¿Encontraría a la Maga?’

Además del texto, el libro viene acompañado con valiosas ilustraciones. En ellas no solo se nos ofrecen fotografías de los libros cortazarianos; también hay dedicatorias, firmas y fechas manuscritas por el propio autor, flores ajadas por el tiempo, billetes, papeles, garabatos. Es interesante comprobar la manera con la que Cortázar anotaba en los márgenes, o cómo subraya o corregía las para él  tan molestas erratas. Es curioso comprobar cómo dialogaba con los libros. 

Ahora, el lector, a través de Cortázar y los libros, también tiene la oportunidad de dialogar con el verdadero Julio, el lector, el devorador de literatura, el gran padre Cronopio que fundó un universo único e inigualable.

Pedro Pujante